Entrevista DELUXE: Valeria Conte Mac Donell

28.07.2014
Fuente: Revista Deluxe

“La naturaleza es mi aliada y mi enemiga al mismo tiempo” Valeria Conte Mac Donell vive hace 11 años en Lolog, provincia de Neuquén. Allá se fue apenas terminó sus estudios de Bellas Artes para producir desde un lugar más auténtico. Sus obras son emprendimientos maratónicos donde el bosque cobra protagonismo.

Dicen que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. Pero Valeria Conte Mac Donell no sigue a Tomás Campbell, sino que camina a su lado. ¿O será que se turnan para seguirse uno al otro? Valeria es artista plástica. En el 2003 decidió dejar la bohemia de San Telmo para instalarse junto a Tomás, su compañero de vida y aventuras, en el medio de la montaña. Fue allí, a unos 1500 kilómetros de Buenos Aires, donde
-asegura- comenzó a funcionar su carrera como artista. El frío va a pasar o La conquista de lo inútil, son dos de los grandes obras que la identifican. Pero hay más.

Al ver algunos de tus trabajos, como la casa de hielo, uno puede pensar que te nutrís o te basas en la naturaleza para crear arte, ¿Es así?

En realidad, yo trabajo a partir de mi vida, pero mi vida está íntimamente ligada con la naturaleza. Al vivir en medio de la montaña, la experiencia de la naturaleza se impone. Tampoco me gusta catalogarme, pero sí es cierto que uno de los componentes claves de mi producir artístico es mi experiencia en este lugar. La naturaleza es mi aliada y es mi enemiga al mismo tiempo.

¿Cómo ejemplificás eso?

Me pasa en la realidad: por un lado vivís en un paraíso, pero a veces tenés 50 centímetros de nieve y se congelan los caños, y ahí se transforma en tu enemigo. Cuando decidí construir la Casa de hielo (es su casa construida a escala real, siguiendo los planos arquitectónicos) me puse de aliada del tiempo y del clima
para congelar mi casa y visualizarla, pero si no estaba atenta y regaba de más, la casa se derrumbaba porque el peso específico del hielo es muchísimo… ahí es tu enemigo y hay que construir de nuevo la obra para que vuelva a aparecer la casa.

¿Cuánto tiempo te llevó esa obra?

Esa obra me llevó unos cuatro meses. Mis trabajos son largos en general, hay muchas idas y vueltas. De hecho, esa obra se llama “La conquista de lo inútil”, que implica este trabajo titánico de insistir y volver a construir.

¿Cómo era tu día a día? ¿Te despertabas pensando qué habría pasado con la casa de hielo?

Pasó por muchísimas experiencias porque yo reinvento técnicas en cada obra, no sé nunca lo que va a acontecer, porque justamente trabajo con el “a ver qué pasa”. En esa obra, durante la semana tejía y los fines de semana, congelaba. Iba documentando el proceso de la construcción de la obra. La obra implicaba una noche de insomnio para regar durante toda la noche y, como no teníamos electricidad, iluminábamos con el auto. A veces había que correr los regadores de lugar para que no carguen de más, etcétera. Ahí está la metáfora que es para mí lo más potente de esta obra y es que para que aparezca tu propia casa, hay que regarla todos los días, si no, no la ves.

Eso es amor al arte, hay que tolerar la frustración de que se descongele tu obra, de tener sueño, de no tener luz...

Ahí cuento con un compañero de hierro que es Tomás, que si le digo “se me ocurrió construir una escalera a la luna”, me responde “Bueno, busquemos las herramientas y empecemos”. Es incondicional y me habilita a hacer todos los delirios que yo quiera. Somos un buen equipo.

¿Esa obra te dio buenos resultados?

Sí, me dio premios, me dio becas y me ayudó a tener mi propia casa. Yo había construido la casa de hielo porque no teníamos dinero para construir la nuestra.

¿La casa la construyeron ustedes?

Sí, es una casa de barro, hecha con materiales que nosotros fuimos trayendo, con nuestros diseños. Nos mudamos en una instancia complicada, en medio de la obra. Yo deseaba mucho habitar mi casa. Y el arte, de alguna manera me hace la vida más fácil, me ayuda a sublimar esas situaciones, por eso lo que hice fue dibujar todo lo que deseaba que mi casa tuviera para poder habitarla. Todos los objetos, la cama, la estufa, la escalera, los ubiqué en el terreno y entré a habitar esa casa, esa obra se llama “El frío va a pasar”, es una manera de transitar lo que me va sucediendo.

¿Es terapéutico?

No me gusta esa palabra, pero creo que el arte es sanador en el sentido que si uno tiene algo que decir, callárselo enferma. Si querés gritar a través del arte está buenísimo. Pero no es un relax para mí, en mis obras lo paso pésimo, porque soy muy exigente. No es un estadio de bienestar.

¿Ahora estás trabajando en alguna obra también titánica?

Sí, cada vez peor. Es un camino de ida. Estoy trabajando en la idea de que un dibujo me soporte. En mi taller armamos un sistema, son unos palos de 9 metros de altura dispuestos en el medio del campo, con un sistema de malacates, para que yo baje o suba los tensores y pueda quedar suspendida en el aire. Mi idea es meterme adentro de ese dibujo y dibujar desde ahí. A pesar de que trabajo en tres dimensiones y con alambres, yo considero que dibujo.

¿Estás en ese momento en que la pasás mal?

¡Si!

¿Y cómo lográs distenderte?

Un poco ya sé mis mecanismos, sé que estar en este estado no implica que vaya por mal camino. Hasta que llego a donde quiero, atravieso varias instancias que son como “fracasos relativos”, pero ya está en marcha, eso no es malo. Es peor la página en blanco. Cada vez que empiezo un trabajo pareciera que nunca hubiera hecho nada en mi vida y cuando termino me pasa algo similar, siento que no podría hacer nada más. Pero ahí empiezo de nuevo.

¿Cuál es tu función en las comidas de experiencia que ofrecen en tu casa?

Nuestro sueño era poder hacer un restaurant de experiencia en nuestra propia casa, donde pudiéramos cosechar las verduras, cocinar con la gente, abrir el living a los que vinieran a comer, pero primero había que construir la casa. Y bueno, eso empezamos a hacerlo este verano. Mi lugar es el de preparar el nido, recibir a la gente. Además está mi taller abierto, se pueden ver mis trabajos en proceso. Es mostrar lo que somos, con mi lado artístico. Mis raíces están claramente acá. Es la primera vez que tengo una casa a donde volver.

Más información:
www. valeriaconte.com.ar

Texto: Karina Pontoriero.
Fotos: Santiago Gaudio